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POETAS EXTREMEÑOS: COMENTARIO DE SUS POEMAS abril 13, 2008

Posted by Carmen Luisa Romero in Poesía, Poetas Extremeños.
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GUIÓN PARA EL COMENTARIO DE LOS POEMAS.

  • Datos biográficos generales.
  • Lectura detallada del poema.
  • Búsqueda en un diccionario del significado de aquellos términos que se desconozcan.
  • Indicar a qué etapa de la obra del autor corresponde el poema.
  • Hacer un análisis de estrofa por estrofa: señalando aquellas expresiones que nos llamen la atención, las figuras retóricas que aparecen (metáforas, personificaciones, aliteraciones…)
  • Decir en pocas palabras qué estilo literario usa el autor en esa poesía.
  • Resumir en pocas líneas la idea principal del poema.

POEMAS SELECCIONADOS PARA SU COMENTARIO:

MANUEL PACHECO:

  • “Para inventar el alba” de Los caballos del alba.
  • “Tarde en Castelar” de Los caballos del alba.

JESÚS DELGADO VALHONDO:

  • “El tonto del pozo” de La vara del avellano.
  • “De esta calle nunca más saldré” de La vara del avellano.
  • “Peregrino” de El año cero.

LUIS ÁLVAREZ LENCERO:

  • “El ajusticiado” de Sobre la piel una lágrima.
  • “Amigos” de Canciones en carne viva.
  • “Juan Pueblo” de Juan Pueblo.

Los caballos del alba, de Manuel Pacheco.

Los comentarios realizados por los alumnos los vamos publicando en la sección estática “Los Juglares del Siglo XXI” en la página Poemas comentados.

Puedes escuchar los poemas recitados por los alumnos en:

PARA INVENTAR EL ALBA

Quisiera una noche de gargantas azules.

Una noche dormida en la cuna del arpa,

pequeña de luna que sumida en tus pechos

escuchase el perfume de una flor chopiniana.

En el fondo de un vaso descubrir tu silueta

y tender a tus labios mis venas,

para que el ansia de besarme la sangre

me hiciese caminar una ruta sin mapa.

Deseo una noche con árboles de nieve,

con luna verde cubierta de pestañas,

en el agua de un pozo la sombra de un piano,

dientes liberados mordiendo una sonata.

Qué tuya y qué mía será la sombra aquella.

Tengo en mi cartera tus pupilas guardadas.

Tienes en tus pulsos mi retrato pequeño,

en caja de agujas mi verso esmeralda.

Pero ni tú ni yo, ni la noche ni el barco

saben la razón de una esponja caída.

La arena del mar libera las playas.

Lo saben tus ojos colgados de árboles,

lo saben mis uñas en limones clavadas.

Tus labios perdidos por la tecla más íntima

y el copo de la aurora besándote la cara.

Tu aliento entre mis manos es pájaro herido.

Un jardín llorado. El látigo del agua

fustiga el lamento de una sien de alabastro.

Cabalga la noche montañas de viento.

En el cáliz del beso inventamos el alba.

TARDE EN CASTELAR

Sencilla como un niño cogido de la mano

la primavera tiene remansos de sueño.

Estamos bajo un árbol mirando a las palomas,

la tarde azulada te besa el cabello.

Te miro, tus ojos tienen luces

de fuentes rumorosas para encender besos.

Tus manos tienen brisas de blancas mariposas

y ponen en las mías un tacto de luceros.

¡Qué sencilla es la vida cuando tu voz me sabe,

cuando su roce tiembla iluminando el verso!

Estamos los dos sentados bajo un árbol,

las palmeras te nombran, los jazmines son rezos

que resbalan bocas de blancura pequeña

por tu rostro dormido de nenúfar moreno.

Los niños pasan tenues como barcos de mimbre

en coches de luna dulcemente pequeños.

Nuestras manos se unen comulgando jardines,

la tarde azulada besa tus cabellos.

La vara de avellano, de Jesús Delgado Valhondo.

EL TONTO DEL POZO

Se ha caído en el pozo.
Iba a coger pájaros de luz
y su mano encontró la sombra
que tiró de su sangre.
Y ahí está, en el pozo,
por los siglos de los siglos del agua.
Las golondrinas lo llevan en la garganta
y hacen con él gárgaras de lirios.
El culantrillo le crece por la piel
y la humedad le mantiene
sin raíces.

Hoy ha cogido un gorrión por las patas
y ríe a reventar.
Igual que cuando el cubo se sale
y el agua le da en la cara
arrugada como una carta que se tira
al fondo del tiempo.

DE ESTA CALLE NUNCA JAMÁS SALDRÉ

De esta calle nunca jamás saldré,
larga como una muerte en el camino,
sin raíz y sin cielo que sostenga
nuestra manera de entender la vida.
No conocemos nada. Nadie escucha
y es inútil quemar la voz gritando
desesperadamente en el vacío.
Calle de la nada. Larga calle.
Oscuro y silencioso pasa el hombre
todos los días por el mismo sitio
de siempre.

El año cero, de Jesús Delgado Valhondo.

PEREGRINO
A Manuel Monterrey

Por el ancho camino de mi tacto
confusamente ciego
voy palpando penumbras y tinieblas
en la memoria -para mi tormento-
que me queda de ti viva, segura
y muda en el cerebro.

Peregrino de mí por esta vida.
Que peregrino, Dios, cuando esté muerto,
sólo de Ti seré, que hacia Ti voy
en zumo de misterio.

(¡Y me dices, amigo, que yo soy
amante del silencio!)

Peregrino, sí, por el camino ancho
de éste mi paisaje arenoso y seco,
por donde incierto voy todos los días
robándome secretos.

Peregrino por este andar ansioso
de ir más allá, donde comienzo
y la carne tiene sabor a barro
y la sangre a recuerdos.

Ir andando del corazón al alma …
(Y me da pena y vuelvo.)
-(Esta carne me pesa todavía)-
Ir andando por donde lamo sueño,
por la congoja sola
que me busco en peregrino dentro.

Sobre la piel de una lágrima, de Luis Álvarez Lencero.

EL AJUSTICIADO

Esta pena que tengo campesina,

Que mata como un lobo mi costado,

Que me sigue y persigue a todo lado

Y me duele más hondo que una encina.

Esta pena que el alma me asesina,

Que yo sudo con grito desgarrado

Y nadie quiere oír al angustiado

Que llora ya con lágrima cansina.

Esto que tengo y llamo por su nombre,

Pena de cárcel fría en que me encuentro

Royéndome la estrella de mi suerte.

Pena para llorar, pena de hombre,

Perro de perro, oscura, sangre adentro,

Pana de ruiseñor, pena de muerte.

Canciones en carne viva, de Luis Álvarez Lencero.

AMIGOS

Mis perros y mis pájaros amigos,

Siempre por las mañanas cuando paso

Tan cerca de ellos, me saludan todos,

Con la inmensa alegría que da el campo.

A veces se me posan en el hombro

Y los llevo conmigo tiempo largo,

Como estrellas de plumas que me hablan

Junto al oído, de los cielos altos.

Y los perros parece que me lloran

Y bendicen mis penas con sus rabos,

Y si los acaricio con ternura

Me lamen y me besan en la mano.

Cuando me alejo de ellos mal se quedan

Tristes como yo mismo, abandonados,

A pesar de que vuelvo al mediodía

Y ya nos vemos y nos consolamos.

Un día marcharé ya para siempre

De mis amigos perros y mis pájaros,

Hacia el olvido, por la carretera,

Sin que jamás ya nunca nos veamos.

Me iré sin despedirme, sin que vean

Mi corazón dormido y solitario;

No quiero que sus lágrimas me duelan,

No quiero darles pena a mis hermanos.

Juan Pueblo, de Luis Álvarez Lencero.

JUAN PUEBLO

¡Alto!, ¿quién vive?

Soy un loco que sueña-

¿Un loco sin atar? ¡La soga, pronto!

¡Que le ahorquen la lengua! ¡Vaya un tonto!:

Dice versos encima de una peña.

-Encima de una lagrima-.

¿Y se empeña

En contestar? ¡Silencio! ¡Yo no afronto

Las palabras de un loco, porque monto

En fuego de fusil! ¡El santo y seña!

-Yo digo libertad y patria y pido…-

¿Quéee?

– Oh, nada, es sólo un verso

ensangrentado-

Basta ya y al paredón con él. Alego

Que es el loco Juan Pueblo y que ha escupido

Mi brillante uniforme de soldado,

¡Y aquí no habla ni dios! Apunten, ¡¡¡fuégo!!!

Comentarios»

1. Johnd802 - agosto 17, 2014

Excellent post. I was checking continuously this blog and I’m impressed! Very useful info particularly the last part gkfkefkffdek


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