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Guía de lectura: “Amad a la dama” de Gonzalo Hidalgo mayo 14, 2008

Posted by Carmen Luisa Romero in Guías de lectura.
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AMAD A LA DAMA

GUÍA DE LECTURA

Manuel Simón Viola

INDICE

INTRODUCCIÓN

1. El autor y su obra

2. Concepción de la novela

AMAD A LA DAMA

1. La fuente cervantina

2. Narración

3. La acción.

4. Los personajes.

5. Espacio y tiempo.

6. Lengua y estilo

7. Cuestiones para el control de lectura.

8. Otras actividades.

9. Análisis de un texto

10. Comentario de texto

INTRODUCCIÓN.

1. EL AUTOR Y SU OBRA

Gonzalo Hidalgo Bayal nació en Higuera de Albalat (Cáceres) en noviembre de 1950. Licenciado en Filología Románica y en Ciencias de la Imagen por la Universidad Complutense de Madrid, trabaja desde hace años como profesor de lengua y literatura en un instituto de enseñanza secundaria.

Hidalgo Bayal ha dedicado valiosos estudios a la obra de escritores extremeños, reunidos en un volumen titulado Equidistancias (Badajoz, Del Oeste Ediciones, 1997). Esta compilación recoge artículos dispersos, por varias revistas u obras de carácter colectivo, regionales y nacionales, que el autor clasifica en “Panoramas” (sobre la narrativa regional última, sobre su futuro más o menos previsible), “Cavilaciones” (sobre la fortuna académica del escritor extremeño, sobre el libro extremeño en la enseñanza) y “Lecturas” de escritores portugueses (Miguel Torga, Antonio Ramos Rosa) y extremeños, tanto poetas (Ángel Campos, Álvaro Valverde), como novelistas (José Antonio Gabriel y Galán, Ricardo Puente, Luis Landero, Alonso Guerrero). En este género ensayístico, ha dedicado un lúcido estudio a uno de sus escritores predilectos, Rafael Sánchez Ferlosio, en Camino de Jotán. La razón narrativa de Sánchez Ferlosio (Badajoz, Del Oeste Ediciones, 1994).

Dentro de un ámbito puramente creativo, Hidalgo Bayal inició su andadura en 1986 con un pequeño poemario, Certidumbre de invierno (Mérida, Editora Regional, col. “La Centena”). A este libro de versos siguieron las novelas siguientes:

Mísera fue, señora, la agonía, Badajoz, DPDB, 1988.

El cerco oblicuo. Madrid, Calambur, 1993.

Campo de amapolas blancas. Mérida, Editora Regional, col. La Gaveta, 1997.

Amad a la dama. Gijón, Llibros del pexe, 2002.

En el año 2001 apareció La princesa y la muerte (Mérida, Editora Regional), un conjunto de breves relatos que parten de una misma situación narrativa inicial.

Mísera fue, señora, la osadía se abre con el relato pormenorizado de una ruptura traumática: Lucas Cálamo, corrector de estilo en una modesta empresa editora, es abandonado por su amante, con lo que regresa a los malos hábitos de la soltería: la degradación personal, la bebida, el hastío… Revolviendo en viejos papeles familiares encuentra un “cuaderno de J. Cálamo” en que su padre relata sus recuerdos como soldado y un episodio terrible de la guerra: cuando con otros compañeros se baña desnudo en un río, en las proximidades de Murania, el enemigo cae sobre ellos y solo su padre, herido, y amigo, Poncio, consiguen salvar su vida. El protagonista regresará entonces a Murania para descifrar un enigma (¿Quién es el tal Poncio? ¿Qué hay de ciertos en los relatos que su padre le contaba de niño?), cuya solución, postergada hasta las últimas páginas de la novela, da a esta la intensa andadura de sus modelos (literatura detectivesca que Lucas consume constantemente).

Sobre esta apoyatura libresca, el relato organiza su desarrollo erigiendo varias tramas que se entrecruzan constantemente (el desarrollo de la investigación, la aventura personal del protagonista –el desamor y los sucedáneos de los amores ocasionales-, las peripecias de un argumento novelesco –Callejón de ratas, Edgar Winters-, una oscura historia de una mujer prostituida –que se relata en sentido inverso a como sucedió-) en un entramado barroco, que no se doblega a los resúmenes, y en donde hallan cabida ingredientes muy variados: el humor, las pruebas de ingenio, las perífrasis irónicas, inventarios de modismos, análisis de fonética histórica, aliteraciones, citas en latín, francés, alemán, inglés, italiano…, referencias cómplices a Virgilio, a la Poesía Goliardesca, a Berceo, Cervantes (el propio narrador afirma reiteradamente las raíces cervantinas del relato), “Clarín”, Sender, Pessoa, Rilke, Dostoievsky, Borges, Poe, Nabokov, Joyce… en un juego constante marcado por la ironía, el intelectualismo, la burla (características de la narrativa de sociedades estables, de realidades no amenazadas). Esta actitud lúdica no impide que se ofrezca una visión cruda, sin contemplaciones, de una ciudad (Murania: Plasencia), dominada por la estética de lo provinciano. De ahí, la pensión: poetas ripiosos desfasados, catedráticos de latín jubilados, la bohemia reducida a un itinerario de tascas y borracheras, “tapados” de la Guerra, pasiones eróticas degradadas (algo de malsano en el erotismo de Catalina: “Sigue la procesión”), curas reaccionarios…

Si Mísera fue, señora.. se situaba en las postrimerías del franquismo (con saltos atrás hacia la Guerra Civil), El cerco oblicuo se ambienta en un periodo posterior, los años de la transición tras la muerte del dictador. Una progresión temporal relaciona las dos novelas, además de otros hilos conectores, como el protagonista de ésta, Severo Llotas, descendiente de un personaje secundario de la anterior (aquél, combatiente republicano; éste, luchador antifranquista cuya militancia asimismo se recuerda) o algún otro tipo secundario común a ambas.

De nuevo se nos presenta un protagonista ya familiar, distanciado de la realidad, frío y razonador, inmerso en una maraña espacial que ha elegido cuidadosamente. Su extraño comportamiento acentúa la reiteración rutinaria de los días, como casillas iniciales de un juego entre cuyos contornos arrastra una lúcida existencia resignada. Trayectos callejeros (siempre triangulares, como el alfil en un tablero de ajedrez), quiosco de prensa, cafetería, una agencia inmobiliaria, cine, piso (siempre las mismas películas, la misma música –Variaciones Goldberg, de Bach, cara A) constituyen un itinerario físico y existencial que tiene tanto de refugio levantado ante la acechanzas externas como de laberinto (noción clave que está en la apertura y en el cierre de la obra).

Cuando una mujer irrumpe en este mundo construido a la medida de sus obsesiones, Severo Llotas vivirá una relación amorosa sometida a los imperativos de una conciencia vigilante, metódica y malsana. Entramos entonces en un mundo anómalo que exige, como los numerosos palíndromos del texto (“¡Ola, luz azul, halo!”, “Amad a la dama”, “Nada oyó Adán”…), continuos retrocesos en la lectura: el fluir del tiempo altera su dirección, las personas sólo han coincidido en el futuro, los presagios anuncian recuerdos, en el sueño un automóvil avanza alejándose de la meta hacia la que se dirige, la acción se complica con duplicidades de espejo o en secuencias cíclicas que amenazan con repetir el destello del amor como intolerable parodia.

A lo largo de los treinta capítulos de la novela (leit motiv recurrente: treinta son las Variaciones Goldberg, treinta los encuentros con Gloria, treinta los días que tarda en verla por última vez…) asistimos a una peregrinación insólita que nos lleva, a través de espacios simbólicos, de un laberinto inicial a otro (última casilla del juego). Abandonado finalmente por su amante, con la impresión de haber sido arrojado de un paraíso (gloria efímera), frente a los despojos de una historia de amor (un cartel con el lema “Vivir es volver”, un retrato pintado por Gloria con el enigmático epígrafe: “Ad Memoriam”), el protagonista, indeciso, se debate entre una soledad fatídica o un reencuentro con la mujer que será inicio de una relación vulgar, concebida como un retorno lastrado por las claudicaciones.

En una esclarecedora reseña al libro (“El País”, 5 de marzo de 1994) Luis Landero subraya la condición de pesadilla enigmática en que, a la postre, desemboca la trama: “…éste es también el laberinto existencial en que sucumbieron Prometeo, Tántalo o Sísifo, sólo que aquí es la propia víctima quien, llevado por la osadía de expulsar el azar de su vida y escapar así al malentendido y a las asechanzas de los dioses, idea y labra su propia cárcel, y hace una obra de ingeniería intelectual de su propia desdicha. El cerco oblicuo es una novela fría y desolada, que ilustra canónicamente la certidumbre de que, en efecto, el sueño de la razón produce monstruos […] Uno sale de este admirable laberinto narrativo, de esta gran y extraña novela, con la vaga certeza de haber asistido a una metáfora moral acerca de lo que los sueños privados y públicos de la razón han llegado a ser en nuestro tiempo”.

Campo de amapolas blancas (1997), probablemente la novela que ofrece al lector una menor resistencia inicial, traza el curso de dos itinerarios vitales paralelos hasta el instante en que se distancian definitivamente. En ella, un narrador ya adulto e instalado socialmente (casado, sin duda profesor de literatura –curso Filología Hispánica en Madrid-, quizá funcionario con su sueldo mensual [recuerdo una rotunda afirmación de Alonso Guerrero: “La palabra de Dios es como el sueldo de un funcionario: no se tiene nada, pero se tiene para toda la vida”]) recuerda su amistad con H, el adolescente a quien conoce en el Real Colegio de San Hervacio en la ciudad de Murania. Desde el momento en que entran en conocimiento (un profesor ha pedido a los alumnos que compongan un poemilla), ambas vidas avanzan curso tras curso, verano tras verano (pues la Universidad les separa) compartiendo las mismas experiencias y similares descubrimientos. Nos encontramos, por todo ello, ante una novela de aprendizaje (como las noventayochistas El árbol de la ciencia, Camino de perfección, La voluntad…), con numerosas claves generacionales.

Si el vértice de más perceptible atención en las novelas citadas hasta ahora era el sujeto (la narración como una aventura moderna del conocimiento), en sus dos títulos siguientes parece haberse trasladado al lenguaje (entendido, especialmente, como recreación de estilos ajenos) además de optar por referentes literarios más o menos lejanos en el tiempo sobre los que montar las tramas. El paso de la primera a la tercera persona narrativa en su dos últimas obras (La princesa y la muerte, Amada a la dama), además de constituir un cambio que ocasiona otras modificaciones obligadas en el empleo de técnicas narrativas (perspectiva panorámica sobre episodios y personajes, omnisciencia, desaparición de los procesos de introspección…), va acompañado de una marcada propensión a adosar los nuevos relatos a modelos del pasado; así sucede, como decimos, con los textos de La princesa y la muerte (veintiún micro-relatos que parten de una situación similar inicial: un caballero se ofrece para salvar a una princesa), en que asistimos, antes que a una recreación, a una subversión de un molde narrativo clásico (princesas arbitrarias o despiadadas, caballeros derrotados, tramas abocadas a la muerte…) o con su última novela, Amad a la dama, erigida sobre un relato cervantino, El celoso extremeño. El resultado se nos presenta como “una recreación en la que […] se ensayan e imaginan variaciones reversibles en torno a las aflicciones que atormentaban y siguen atormentando a tantos personajes singulares”; esto es, como un ejercicio narrativo que tiene algo de juego y mucho de homenaje cervantino (hasta apropiarse del procedimiento que casi con toda seguridad utilizó Cervantes al tomar el anónimo Entremés de los romances como base de su mejor “novela ejemplar”).

La elección de un referente clásico se traduce en un estrecho parentesco temático que juega con similitudes y divergencias, pero también, de modo paralelo, en un parecido estilístico, mayor en el plano sintáctico (periodos oracionales extensos con abundantes elementos conectores y partículas ilativas que configuran un discurso trabado, “cervantino”) que en plano léxico (en donde se observa una ascensión de los registros coloquiales del modelo a los cultos), en un ejercicio realizado mediante procedimientos que dejan un amplio margen para la expresión personal y ejemplifica de modo rotundo, por otra parte, cómo en la configuración de un talante literario operan, con igual rendimiento, las vivencias personales que la experiencia estética.

2. Como dijimos, Hidalgo Bayal es autor de numerosos ensayos sobre autores contemporáneos, regionales y nacionales. Lee el siguiente pasaje del propio novelista en que reflexiona sobre los varios tipos de novelas posibles.

“A lo largo del tiempo, la práctica de la literatura ha dado carta de naturaleza a la ejecución de triángulo tradicional donde la realidad, entendida como referente externo, impone su dimensión tangible al lenguaje y al sujeto. Estaríamos así, en rigor, y en sentido amplio, ante una novela realista, ante eso, en definitiva, que el lector menos avisado identifica, de manera imprecisa, con la novela en general. En épocas más recientes, no obstante, cuando la referencia exterior ha perdido su perfección y su coherencia, el sujeto se ha replegado sobre sí mismo (con mucha frecuencia, sujeto y autor coinciden en cuanto territorio de exploración) y ha suplantado a la realidad, abriéndose entonces el camino de la novela subjetiva. Por último, una vez que las fronteras del individuo, aunque cambiantes e inagotables, han llegado a la saturación, la derivación más previsible se ha centrado en el tercer vértice, todavía inexplorado de forma independiente, es decir, en el propio instrumento literario, en el lenguaje, de modo que la palabra se ha convertido en el centro de la materia narrativa. Esta novela, que puede calificarse como verbal ha abierto, por una parte, un camino singular, tal vez peligroso, probablemente baldío si se lleva gratuitamente hasta las últimas consecuencias, pero ha servido, afortunadamente, por otra, para que la novela contemporánea alcance un alto grado de dignidad lingüística. Actualmente, como bien puede suponerse, las diferentes modalidades narrativas conviven, incluso en áspera armonía. Se indaga en una nueva definición de la realidad, del sujeto y del lenguaje, y, así las cosas, asistimos, como lectores, al espectáculo de la encrucijada, es decir, al paraje donde dos o más caminos se cruzan y donde aguarda la asechanza. Cada novela, en él, es una propuesta, el amago de una solución, la aventura, en fin, que entre el equilibrio y el desequilibrio de sus vértices, bajo la tiranía (tantas veces académica) de las emboscadas críticas, afirma su vigor y certifica su salud con la veracidad de un testimonio íntimo, el de la propia conciencia del lenguaje”.

(“La novela asonante. Sumaria relación de novelistas extremeños”, de Equidistancias. Badajoz, Del Oeste Ediciones, 1997, págs. 49-50)

2.1. Define los rasgos característicos de cada tipo de novela mencionado.

2.2. ¿Por qué unos tipos han sucedido a otros a lo largo de los años?

2.3. ¿En que momento nos encontramos actualmente a juicio del autor?

2.4. ¿En qué modalidad situarías Amad a la dama? Razona la respuesta.

AMAD A LA DAMA

1. La tradición literaria constituye una cadena compuesta por elementos que pueden ser revitalizados por nuevos tratamientos. En Amad a la dama, Gonzalo Hidalgo Bayal ha recreado un asunto cervantino, el de los matrimonios desiguales (pero ya Cervantes se basó, al parecer, en un cuento popular marroquí). Para que puedas comprobar esta deuda y reconocer la aportación personal del escritor cacereño, incluimos el argumento de El celoso extremeño y un comentario crítico sobre su origen y construcción.

“No ha muchos años que en un lugar de Extremadura”, Felipe de Carrizales, hijo de padres nobles, salio a la aventura y dilapidó sus años y su fortuna por España, Italia y Flandes. Muertos sus padres y gastado su patrimonio, recaló en la ciudad de Sevilla y decidió pasarse a las Indias en busca de fortuna. Allí permanece por espacio de veinte años, al cabo de los cuales regresa a España dueño de una considerable fortuna. Tenía entonces Carrizales sesenta y ocho años.

Instalado en Sevilla se dispone a gozar apaciblemente de su vejez decidido a no contraer matrimonio, pues era extraordinariamente celoso. A pesar de su firme propósito acaba casándose con una joven de trece o catorce años, considerando que la corta edad de su esposa sería una garantía para sus celos. Llevado de su enfermiza obsesión se hizo construir una casa fortaleza lujosamente ataviada en la que se encierra a cal y canto con su mujer, Leonora, esclavas, criadas y un esclavo, único representante del género masculino a quien Carrizales da entrada en su casa.

Transcurrido un año de enclaustramiento para los habitantes de la casa fortaleza del viejo Carrizales, ésta comienza a verse asediada por Loaysa, un joven holgazán y vividor que, enterado de las prevenciones del viejo y de la hermosura de su esposa, decide conquistar la casa y a su moradora.

Su primera actuación va dirigida a ganarse la confianza del viejo esclavo, encargado de la custodia de la puerta. Su enorme afición a la música es utilizada por Loaysa, quien hace gala de sus dotes musicales, para conseguir introducirse en la fortaleza. Una vez ganada la voluntad del esclavo, la servidumbre femenina de la casa es presa fácil para la astucia del embaucador Loaysa. La dueña Marialonso se prestará a inteceder por el galán ante su señora con la esperanza de poder gozar ella también de los encantos de Loaysa. Con la ayuda de un ungüento duermen al viejo Carrizales y todas se disponen a gozar de una velada junto al músico. Al final Loaysa no conseguirá su propósito, pues Leonora se resiste valientemente a su acoso. Ambos quedan dormidos, uno en brazos del otro, sin que nada más ocurra entre ellos. Así los descubre Carrizales, quien considerando adúltera a su mujer intenta lavar su honra con sangre, pero el dolor por lo sucedido le hace caer enfermo. Desde su lecho de muerte perdona a su esposa e incluso le pide en su testamento que se case con su amante, pero ella, arrepentida, decide, tras la muerte de su esposo, entrar en un convento, sin que la rápida muerte del marido le de tiempo a explicarle que no llegó a engañarlo. Loaysa emigra a las Indias.

El celoso extremeño se desarrolla en torno a un tema de amplia tradición folclórica durante la Edad Media como en el Renacimiento: el matrimonio desigual entre un viejo y una niña. González Palencia ha localizado un cuento popular marroquí que bien pudiera ser la fuente directa de la novela cervantina. Se narran en él las extremadas precauciones que un hombre toma para criar a una niña con la que casarse con absoluta garantía sobre su pureza. Todos sus desvelos son inútiles pues al final será engañado. Cervantes recreó este mismo asunto de los matrimonios desiguales en su entremés El viejo celoso, aunque el tratamiento dado al terna en esta obra, resuelta en el tono grotesco y de farsa característico del entremés, es diametralmente opuesto al de El celoso extremeño. En el entremés la figura del viejo Cañizares (nótese la familiaridad onomástica con el Carrizales de la novela) está trazada con líneas caricaturescas muy lejanas de la humanidad y el patetismo que confluyen en el personaje del viejo Carrizales.

Como ya hemos señalado, de El celoso extremeño existen dos versiones: la impresa de 1613 y la del manuscrito Porras. Entre ambas se observan algunas diferencias a las que conviene referirse. La primera, y la de menor importancia, es la relativa al cambio de nombre de la protagonista, que en la versión manuscrita se llama lsabela. La razón del cambio parece estribar en la precaución de Cervantes de no provocar en el lector una falsa asociación entre la pareja protagonista Filipo (Felipe) e lsabela (Isabel) y la pareja real Felipe II e Isabel de Valois. La segunda diferencia afecta al desenlace final de la obra. En la versión manuscrita Cervantes se muestra más radical con el destino de Loaysa: “Él, desesperado y corrido, dicen que se fue a una famosa jornada que entonces contra infieles España hacía, donde se tuvo por nueva cierta que lo mató un arcabuz que se le reventó en las manos, que ya fue castigo de su suelta vida”. En la versión impresa Loaysa pasa a las Indias a purgar sus pecados de juventud, algo similar a lo que había hecho Carrizales al principio de la novela. El paralelismo entre ambos personajes queda así insinuado por Cervantes y el lector puede aventurar una hipotética repetición de la historia al quedar abierta la novela. Este final abierto con el que el autor resuelve la obra ha sido interpretado sugerentemente por Avalle-Arce en relación con la revolucionaria concepción del género novelístico por Cervantes: “La verdadera novela, la nueva, la que él está fraguando, debe ser como la vida. Y si la vida se desarrolla more cyclico, lo mismo debe hacer su novela, vale decir, la novela moderna”.

De mayor trascendencia resulta el cambio que se produce de una versión a otra en el tratamiento del adulterio de la protagonista. En el manuscrito no quedan dudas sobre su consumación; sin embargo, en la versión impresa Cervantes hace que la virtud de Leonora permanezca intacta, produciéndose así una evidente merma en la coherencia interna del relato”.

(Alonso Martín, E. Introducción a Novelas ejemplares. Madrid, Bruño, 1991, págs. 53-56)

2. En Amad a la dama se incorporan otros motivos cervantinos. Coteja el fragmento inicial de la novela (“No era mucha la gente… a ciencia cierta el sitio ni la cuna”), con el arranque de El Quijote (“En un lugar de la Mancha… se llamaba Quijana”). ¿Qué similitudes encuentras entre ellos?

3. Busca información sobre el contenido de El curioso impertinente (una novela corta incluida en El Quijote), sobre El entremés de los romances (una obrita anónima en la que, según parece, se basó Cervantes para elaborar una primera versión de El Quijote) y sobre algún episodio de la novela cervantina como las bodas de Camacho. Analiza su repercusión en Amad a la dama.

4. El capítulo VI de El Quijote comienza con un pronombre relativo cuyo antecedente es una palabra del capítulo anterior (“El cual aún todavía dormía”). Varios cervantistas reprocharon a Cervantes su precipitación al dividir los capítulos. ¿Podrías encontrar en Amad a la dama algún uso similar (que tiene aquí, naturalmente, algo de guiño de complicidad al lector)?

NARRACIÓN

1. Aunque la historia está contada por un narrador en tercera persona, aparentemente objetivo, con frecuencia se inmiscuye en la narración para dar juicios y opiniones. ¿Podrías citar diez ejemplos?

2. En la novela no se reproduce el diálogo de los personajes de un modo directo, sino que se halla incrustado en los pasajes narrativos (resumido su contenido o expresado de modo indirecto). Observa el siguiente pasaje:

“Carrizales lo invitó a sentarse junto a él, en el observatorio, y a contemplar la plaza frente a ambos y, tras señalar el puesto de frutas, para verificar formalmente la autenticidad de lo supuesto o averiguado, expuso con parsimonia convincente la fábula de sus planes. Habló de su pasado, de su celibato y de su fortuna, y tan ventajosamente presentó su disposición y prosperidad que el labrador de Casas del Juglar abrió la boca con asombro cuando declaró finalmente el propósito de matrimonio con Leonor. Se lo planteaba a él directamente, subrayó, en lugar de a la hija, porque no concordaban con sus años ni con su entendimiento las tonterías de mozancón que había advertido entre los jóvenes y porque era demasiado tosco para discurrir pamplinas, enviar flores anónimas o impresionar con regalos opulentos. Por otra parte, tampoco andaba sobrado de días como para perderlos en cortesías o malversarlos en arrumacos de balcón”.

Reproduce el mismo pasaje en estilo directo sin modificar el sentido de las intervenciones ni el carácter de los personajes.

3. Trata de justificar el sentido del título de la novela, tanto en su contenido (única muestra de diálogo directo de toda la obra, pero ¿en boca de quién imaginas esa exhortación?), como en su forma (un palíndromo).

ACCIÓN

1. Para que una sucesión de hechos sea percibida por el receptor como una narración, ha de acomodarse a un esquema:

Situación de partida

Conflicto

Acciones

Resolución

Situación final

Trata de delimitar estas partes en el relato.

2. La invención de historias es una forma de comunicación y de expresión hacia los demás de la propia personalidad, pero en toda historia existen unos componentes básicos que cumplen unas funciones determinadas:

Actantes: personajes principales y secundarios que realizan acciones.

Sucesión de acciones: hacen avanzar la historia.

Móviles: dan sentido a las acciones.

Marco espacial: sitúa las acciones en el espacio.

Marco temporal: sitúa las acciones en el tiempo.

Según esto, aísla dos episodios que consideres relevantes para el progreso de la acción y otros dos que sirven para caracterizar a los personajes principales (Carrizales y Leonor).

3. Aísla el conflicto de desencadena la narración.

4. ¿Sigue la trama de la historia una ordenación lineal? ¿Podrías imaginar un orden distinto?

5. ¿Qué ritmo domina en el conjunto de la trama? ¿Rápido o demorado?

6. Localiza en el texto los conectores u organizadores temporales de los tres primeros capítulos.

7. ¿Qué puede significar el siguiente juicio rotundo del protagonista en vísperas de su matrimonio con Leonor? ¿Qué puede anunciar en la trama?

“En el origen dormía una impostura y la verdad se derivaba de un fraude” [pág. 56]

8. ¿Qué sentido puede tener la siguientes afirmaciones, la primera referida a Leonor y la segunda a Carrizales?

“Albergaba en el corazón un pecado inocente, la irresponsable soberanía de los códigos biológicos sobre los códigos morales” [pág. 147]

“Cada hombre está predeterminado a una biografía y nadie tiene poderes ni capacidad ni derechos para torcer el rumbo de las biografías ajenas” [pág. 115]

9. Con frecuencia, los motivos paisajísticos, al repetirse en un texto, se cargan de un valor simbólico. Lee estos tres pasajes que reiteran el mismo elemento del paisaje próximo a la casa de Santa Bárbara.

“Solo una estatua no pudo adquirir para su desazón: la Venus del Bosque, una pieza anónima de mármol que desafiaba la inclemencia junto a un recodo del Jayón” [pág. 32]

“Recorrieron luego algunas pedregosas y angostas carreteras comarcales antes de detenerse en la Hoya del Juglar, junto a la Venus del Bosque que carrizales no pudo adquirir (la contrariedad había convertido el lugar en uno de sus parajes preferidos)” [pág. 119]

“Carrizales quería que la estatua tuviera la figura de la Venus del Juglar, porque veía algún parecido entre ambas, porque la primera vez que vio a Leonor se le representó la forma de la estatua, porque la Venus del Juglar encarnaba la expresión más sublime de belleza o, sencillamente, porque, al no poder comprarla, necesitaba mitigar una obsesión de viejo rico excéntrico” [pág. 135]

¿Qué crees que puede significar en el sentido global de la novela esta Venus del Bosque que Carrizales no pudo comprar para su jardín?

10. Señala las similitudes y las diferencias entre estos dos textos.

“Y cuando en el aposento no halló a su esposa, y le vio abierto y que le faltaba la llave de entre los colchones, pensó perder el juicio. Pero, reportándose un poco, salió al corredor, y de allí, andando pie ante pie por no ser sentido, llegó a la sala donde la dueña dormía y viéndola sola, sin Leonora, fue al aposento de la dueña, y abriendo la puerta muy quedo vio lo que nunca quisiera haber visto, vio lo que diera por bien empleado no tener ojos para verlo. Vio a Leonora en brazos de Loaysa, durmiendo tan a sueño suelto como si en ellos obrara la virtud del ungüento y no en el celoso anciano.

Sin pulsos quedó Carrizales con la amarga vista de lo que miraba; la voz se le pegó a la garganta, los brazos se le cayeron de desmayo, y quedó hecho una estatua de mármol frío; y aunque la cólera hizo su natural oficio, avivándole los casi muertos espíritus, pudo tanto el dolor que no le dejó tomar aliento. Y, con todo eso, tomara la venganza que aquella grande maldad requería si se hallara con armas para poder tomarla; y así, determinó volverse a su aposento a tomar una daga, y volver a sacar las manchas de su honra con sangre de sus dos enemigos, y aun con toda aquella de toda la gente de su casa. Con esta determinación honrosa y necesaria volvió, con el mismo silencio y recato que había venido, a su estancia, donde le apretó el corazón tanto el dolor y la angustia que, sin ser poderoso a otra cosa, se dejó caer desmayado sobre el lecho”.

(El celoso extremeño)

“Cuando asomó la cabeza y vio sola a Cristina frente al piano, tocando y tocando una y otra vez con cara de hastío el persistente martilleo, sufrió casi un espasmo, pero se sobrepuso. La doncella, aburrida y confiada, no advirtió su presencia muda, porque siempre habían calculado que el peligro procedería del mirador, nunca del sur, de la puerta principal, por la que Carrizales había entrado. Ahora, pues, Carrizales anduvo con discreción y sigilosamente, preguntándose, cavilando, desesperándose. Subió hasta el mirador de levante, donde Leonor se encerraba a leer comedias y novelas pastoriles, y hallolo vacío. Supo entonces que algo terrible estaba ocurriendo en Santa Bárbara, pero la alteración del ánimo le hacía incapaz de imaginar el sitio exacto. Confusamente decidió regresar al jardín y reflexionar y serenarse, y fue entonces, al pasar junto al cuarto de Cristina, cuando oyó un leve quejido. Allí estaban, se dijo. Abrió la puerta con cautela y, en efecto, allí estaban, sobre la cama de Cristina, desnudos, amantes y dormidos. La primera imagen que acudió a su cabeza fue macabra: coger la escopeta de caza e interrumpir el sueño con estruendo salvaje, abatirlos como a ciervos en celo con la cólera del viejo cazador, ahogarse en la intensidad roja de la sangre amiga y enemiga. Pero Carrizales no era persona que perdiera la compostura fácilmente y, además, paralizado por el dolor, como si la porción más alta de su espíritu se hubiera quebrado, quedó petrificado”.

(Amad a la dama)

PERSONAJES

1. Haz una ficha de los protagonistas de la novela, Carrizales y Leonor, siguiendo este modelo:

Nombre:

Fin que persigue:

Personajes que lo auxilian:

Personajes que se oponen:

Acciones principales

Ayudas

Obstáculos

Éxito

Fracaso

2. El protagonista se encuentra casi siempre presente en la superficie del relato. ¿En que momentos se ausenta de ella?

3. Asocia cada uno de los personajes secundarios con una cualidad moral

4. Un juego: un alumno dirá al oído de otro el nombre de un personaje de la novela. Este deberá describirlo utilizando cinco adjetivos extraídos de la siguiente lista: Feliz, desgraciado, seguro, inseguro, tímido, modesto, orgulloso, simpático, antipático, agradable, desagradable, satisfecho, insatisfecho, divertido, aburrido, alegre, serio, triste, miedoso, valiente, nervioso, tranquilo, sincero, falso, travieso, descarado

5. ¿Podrías imaginar cuál es el “ideal de vida” de los siguientes personajes de la novela (alguno de ellos, expreso en el relato): Carrizales, Leonor, Loaysa, Cristina.

6. ¿Encuentras alguna diferencia entre la primera infidelidad de Leonor (su entrega a Loaysa) y las restantes? ¿A qué impulsos obedece el personaje en cada caso?

6. Este último personaje, Cristina, una camarera de hotel que Carrizales contrata, no está en el relato cervantino (como Ortigosa, procede del entremés El viejo celoso). ¿Con qué función narrativa ha sido creado? ¿Con qué personaje de El celoso extremeño se corresponde?

7. En las últimas palabras antes de morir, “desfiguradas ya por la urgencia del fin”, Carrizales pronuncia el nombre de Loaysa. ¿A qué crees que puede ser debido?

ESPACIO Y TIEMPO

1. Haz un listado de las referencias temporales del relato, abundantes en el primer capítulo de la novela, e intenta localizar en el tiempo la trama.

2. Teniendo en cuenta que Murania puede identificarse con Plasencia, trata de desvelar las referencias paisajísticas del entorno en que se desarrolla la acción.

3. Uno de los lugares destacados de la acción es la casa de Santa Bárbara. Compara los capítulos 6 y 46 de la novela, que describen respectivamente la reconstrucción de la casa arruinada, y su decadencia por el abandono y el paso del tiempo.

LENGUA Y ESTILO

1. La prosa de Gonzalo Hidalgo Bayal se caracteriza por su notable cuidado formal. Localiza en el siguiente pasaje los principales recursos literarios

“Pasaba la primavera, pasaba el verano y sólo veía ante sí el rostro adusto de Guiomar, la fidelidad indígena del negro, la mirada esquiva de Leonor y la indiferencia vespertina del paisaje, la quietud verde oscura del río (él había aspirado a tal quietud, al oficio fluvial de la existencia, intrépida y traviesa en la cima abrupta de los manantiales y sosegada al fin frente al océano, la confusión de muerte con llegada, sin límites los ríos ante el mar, la puntualidad crepuscular de las garcetas, la mole sombría de la catedral como un buque anclado sobre una acuarela inmóvil de olas blancas y rojas, el atardecer cayendo lentamente sobre la gloria opaca de Murania y cobre la certidumbre creciente de su propio, inútil, árido, cansado y dolorido corazón”. [págs. 97-98]

2. Los fragmentos que siguen forman el texto de un cuento (“El hijo del carpintero”) incluido en otra obra del mismo autor, La princesa y la muerte. Ordénalos correctamente.

“Y así llegó a la ciudad. Pero apenas llamó a la puerta de la muralla, los centinelas lo acusaron de haber asesinado al marinero predilecto del monarca, lo detuvieron y lo condujeron a los tribunales de justicia. Fue entonces, al encontrarse ante el juez, cuando el hijo del carpintero maldijo entre dientes la fatalidad de los designios divinos, pues la severidad del magistrado que lo observaba desde el estrado lucía un parche en el ojo izquierdo y un rayo de cólera y de fuego en el derecho”.

“Al hijo del carpintero le pareció una persona inofensiva y nada terrible, incluso afable, pero, cumpliendo su destino, lo mató con un golpe de remo en la cabeza y lo arrojó al agua. Después, aunque con el remordimiento de haber dado muerte tal vez a un hombre inocente, siguió su camino con alegría, seguro y confiado, sintiéndose ya dueño del corazón de la princesa”.

“Tendría que superar numerosos peligros en el trayecto, pero, según los augurios, sólo uno de ellos era tan espantoso y extraordinario como para impedir el logro de su objetivo. ‘Cuídate de las insidias y asechanzas del guardián con un parche en el ojo izquierdo, porque ni el fuego ni la cólera darán tregua a su maldad’, había dicho el oráculo”.

“Cuando el hijo del carpintero cumplió diecisiete años, se dispuso a cumplir el destino que predijeron los oráculos en el día de su nacimiento, así que abandonó la aldea y se encaminó al palacio del rey para conquistar la mano de la princesa y convertirse en heredero del trono”.

“De modo que el hijo del carpintero recorrió los bosques y cruzó los ríos y atravesó las montañas del país camino del palacio, venciendo sin dificultad los obstáculos que salían a su paso, porque era intrépido y valiente. A la orilla del mar, en efecto, en los restos de un barco que había naufragado tiempo atrás, encontró a un viejo pirata con barba y un parche en el ojo izquierdo”.

CUESTIONES PARA EL CONTROL DE LA LECTURA

1. Resume la trayectoria narrativa de Leonor desde el momento en que aparece en la narración. Describe los estados emocionales por los que pasa.

2. Relata detalladamente la trayectoria de Loaysa en la trama de la novela.

3. Sitúa el siguiente pasaje en la trama de la novela.

“En Venecia, una tarde en que Leonor y Carrizales atravesaban la plaza de San Marcos para volver al hotel, un joven alabó en la lengua vernácula la belleza española de la muchacha y la miró con desvergüenza de ojos italianos expresando un deseo universal. Se trataba, sin duda, de un hecho inofensivo, particularmente en Italia, y, con seguridad, frases similares y miradas idénticas se habían sucedido antes en Roma, y en Barcelona y en Madrid, pero quiso la providencia que fuera precisamente en Venecia, la ciudad del amor, y tras la bendición plural de su santidad, donde Felipe Carrizales sintiera por primera vez una punzada aguda, extraordinariamente dolorosa”.

4. ¿Qué personaje…?

“Híbrido de joven tímido y osado, se había refugiado en unas oposiciones de administrativo para sobrevivir”.

“Se había retirado al campo para estar a solas con su pensamiento y con sus obsesiones”.

“Seguía recluida en la sordera y en la cocina.

Vio rechazada su solicitud de ingreso en el casino de Murania.

“Se sentaba en el comedor, frente al camino de grava, y escuchaba en la voz del negro Luis algunas páginas selectas del Madoz [para honrar su memoria]”

“Recorría cada mañana el sendero de grava y subía con los periódicos, los encargos de la cocinera y los mandados de Guiomar”.

“Había escondido [según un rumor perverso] entre las páginas de los libros una fortuna dispersa en billetes y billetes”.

“Recordó los días penúltimos del amo en el Perú […] y conjeturó que se avecinaban cambios sustantivos”

“Advirtió tanta nobleza en las palabras del viejo enamorado que decidió intervenir, si fuera preciso, en su favor.

“Se sintió sorprendida negativamente por el olor pútrido de los canales de Venecia”.

“Traía noticia diaria de Murania y aun de otras partes de la comarca”.

OTRAS ACTIVIDADES

1. El título de la novela constituye un palíndromo (un texto que ofrece la misma lectura leído de izquierda a derecha que de derecha a izquierda; por ejemplo, “Nada oyó Adán”). Podrías poner otros ejemplos.

2. Al descubrir el engaño de su esposa, Carrizales opta en un primer momento por recurrir a la violencia, para, finalmente, aceptar el comportamiento de su esposa y tolerar sus aventuras eróticas. Puede organizarse en clase un debate que tenga como punto de partida estas dos actitudes en la sociedad de hoy.

3. ¿Qué valoración ética crees que recibe el adulterio en la sociedad actual? ¿Cuál sería en la España de Cervantes?

4. Utiliza las indicaciones del penúltimo capítulo de la novela para crear un relato protagonizado por Leonor, que refleje la vida de la mujer en Madrid.

ANÁLISIS DEL TEXTO

“La casa de Santa Bárbara era entonces propiedad de los padres hervacianos, laboriosa donación de una herencia huérfana o beata, y sus ruinas eran la consecuencia de un estigma, el signo de una leyenda obstinada y trágica. Se trataba de un edificio del siglo XVIII, construido por el cuarto hijo del marqués de Santa Bárbara en un arrebato de soberbia e iluminación. La erudición regional lo consideraba un noble engreído y herético, herido de megalomanía y heterodoxia, lector de los enciclopedistas franceses y volteriano infame, e incluso algunos cronistas locales han trazado su biografía al hilo de chocantes paralelismos con el notorio y estrepitoso vuelo de Ícaro o han desmenuzado el síndrome de Faetón que lo acosaba y que, como al hijo de Febo, lo llevó a estrellarse en el carro de la ilustración contra la sierra de Santa Bárbara. El caso fue que una mañana de viernes santo de 1781 sus criados lo encontraron muerto, crucificado en una cruz invertida. La voz popular y los romances de ciego pregonaron la obra de Satanás y un pacto con el diablo, la confabulación de los agentes del mal y de la noche contra el hereje descreído. Vecinos de Murania hubo que declararon al santo oficio tenebrosas obscenidades sin reparo: se habían visto aquella noche fuegos y luminarias y como procesión de luces rojas, se habían oído lamentos y aullidos, siluetas gigantes de lobos y machos cabríos habían ejecutado danzas nefandas, numerosos espíritus habían ascendido del infierno para proyectar el espectro del mal sobre la sierra. Algún historiador sensato y reciente, sin embargo, en reflexiones congresuales sobre aspectos de la región, ha escrito que el cuarto hijo del marqués de Santa Bárbara fue, sin duda, una víctima del racionalismo y de la ilustración, esto es, una víctima de sus convicciones y de su comportamiento en una sociedad provinciana anticuada y supersticiosa. Todo lo demás son conjeturas que se pueden rastrear y documentar en legajos de la época, en reales archivos, en discrepancias genealógicas. Es evidente que lo mataron (probablemente, a instancias de sus propios hermanos o sobrinos) y que quienes lo hicieron no eran vulgares bandoleros ni campesinos rudos. Por eso revistieron el crimen con una escenografía fantasmagórico, propicia a la ignorancia y a la credulidad de los muranienses, por eso eligieron el viernes santo y por eso llevaron el paralelismo hasta la alta edad media y la secta herética de los caballeros de la cruz invertida. Tanta sincronía no podría sucumbir ante los rigores objetivos de la verdad histórica. De ahí los rescoldos de la leyenda y su fulgor demoníaco. Curiosamente, sin embargo, pese a que el título nobiliario no le alcanzaba a él (asunto no menor tal vez, y pese a todo, en los propósitos de la muerte), fueran cuales fueren, pues, las intenciones de los verdugos y dejando al margen los logros materiales o inmateriales inmediatos del crimen, el modo sacrílego en que murió no sólo consiguió perpetuar la memoria de la víctima y convertirla para siempre, según el sentir popular, en el único y genuino marqués de Santa Bárbara, sino que otorgó en última instancia a la mansión y no a la genealogía la futura atribución del título y arrojó sobre la casa y sus habitantes una maldición sin fin”.

Análisis del contenido.

Contesta a estas cuestiones:

1. ¿Qué tienen en común las leyendas mitológicas de Ícaro y Faetón? ¿Por qué crees que los “cronistas locales” recurrieron a ellas al trazar la biografía del marqués de Santa Bárbara?

2. ¿Qué circunstancias de la vida y de la muerte del personaje hicieron pensar en una intervención demoníaca? ¿Qué objetos o animales adquieren en el texto una significación satánica?

3. ¿A qué tres realidades se atribuye el epígrafe de “Santa Bárbara”?

4. Teniendo en cuenta que este personaje no vuelve a aparecer en el relato, ¿cuál puede haber sido la intención del autor al interpolar su historia en la trama argumental?

5. ¿Qué puede anunciar en el desarrollo de la trama novelesca la última frase del texto: “[el modo sacrílego en que murió] arrojó sobre la casa y sus habitantes una maldición sin fin”?

Estructura

1. El texto puede dividirse en dos partes atendiendo al tipo de fuentes con los que se erige la historia del personaje. Señálalas.

2. ¿Con qué tipo de documentación fue construyéndose con el paso de los años la historia del personaje? ¿Qué interpretación da el narrador a las fuentes citadas? ¿A cuál da mayor credibilidad?

Análisis de la expresión.

1. Pon un título adecuado al texto

2. ¿Qué significan estas palabras: enciclopedista, volteriano? ¿Qué valoración se daría de ellas, en el siglo XVIII, en una sociedad provinciana, anticuada y supersticiosa?

3. ¿Qué diferencias de significado encuentras entre las palabras siguientes?

Mansión, palacio, casa, posada, mesón, apartamento, piso, chalé, residencia, venta, hostelería, hostal, hospedería, pensión, casa de huéspedes, fonda, hotel, motel, albergue, presidio, colegio, hospicio, hospital , orfanato.

4. ¿Por cuál de estos términos podría sustituirse la palabra “engreído” en el texto?

pedante presuntuoso introvertido antipático hipócrita

5. ¿Qué recurso literario se utiliza en el sintagma “el carro de la ilustración”? ¿A qué se debe la elección del primer término?

Amplía tu información.

1. Redacta en dos breves párrafos el significado de los términos “ilustración” y “racionalismo”.

2. Por la información ofrecida en el texto, ¿qué fue el Santo Oficio y cuáles eran sus fines?

COMENTARIO DE TEXTOS

“Al cabo de un tiempo de paz matrimonial, gobernado por la fuerza de la voluntad y por la memoria amarga del pecado, la energía de la reconciliación fue trocándose en inercia y Leonor empezó a caer de nuevo en lánguidas hidromurias, en taciturnos ambonios y en prolongados espásmulos anémicos. Un poderoso y devastador desánimo se apoderaba de ella y la mantenía postrada en cama o hundida en un sillón imperial, con el rostro derrotado de quien no tiene presente ni esperanza, de quien conoce la exactitud sombría del porvenir, su trayectoria oscura y tenebrosa. Carrizales advertía el torpe y desventurado signo de los acontecimientos y trató de procurar remedio. También Guiomar notaba las depresiones del ama y la ayudaba a soportarlas con sabiduría indígena y prehistórica y a fuerza de exorcismos. Pero los resultados eran pobres. Insistir en que saliera, por ejemplo, como hacía Carrizales, ahora que ella precisa y deliberadamente prefería encerrarse, era un lenitivo contraproducente, pues ahondaba en la herida y en la desesperanza. La enfermedad de Leonor, de notable sutileza y complejidad sicológica, no consistía sólo en seguir culpándose de su flaqueza, ni en seguir condenándose irremisiblemente, sino, sobre todo, en la dolorosa convicción de que cualquier calmante que socorriera su abulia y aminorara su tristeza no sería sino un nuevo camino, lleno de contraindicaciones y efectos secundarios, hacia el error y la culpa. Por eso en su vida no cabía remedio y por eso perseveraba en el martirio. Se confesaba, además, que no quería a Carrizales de la misma forma y con la misma ni remota ansiedad con que había querido a Loaysa, al que ahora sin embargo despreciaba (su nombre no había vuelto a pronunciarse delante de ella, sus labios no habían vuelto a articularlo), o, mejor dicho, sí quería a Carrizales, naturalmente, pero con más agradecimiento que pasión, más esclava sumisa que amante encendida. Y en ese tejer y destejer la tela que ni admitía enmiendas ni soportaba fármacos sucumbía Leonor ante la melancolía y languidecía en un estar cayendo al precipicio, hundiéndose en arenas movedizas, atormentándose con afición de azufre. Carrizales advertía en los síntomas que otra vez Leonor se le escapaba, como una corza herida huía por los campos de la tribulación y la desidia, se negaba a sí misma para no afirmarse de verdad, y decidió actuar con prontitud. Mas sin saber cómo”.

LOCALIZACIÓN

Para una adecuada interpretación del fragmento es preciso situarlo dentro del contexto general de la novela. ¿En que momento de la narración nos encontramos?

ARGUMENTO Y TEMA

¿Qué sucede en el texto? ¿Cuál es el sentido de los episodios?

ORGANIZACIÓN

¿De cuántas partes se compone el texto?

ANÁLISIS

Analiza los aspectos siguientes:

Comportamiento y estado emocional de la protagonista. ¿A qué se debe su estado de postración?

¿Qué personajes tratan de ayudarla? ¿Por qué sus sugerencias son contraproducentes?

¿Cuál es el sentido de los episodios de este fragmento en relación con acontecimientos previos y con la deriva posterior de la trama?

Observa las características del estilo, un registro culto.

Trata de dilucidar el significado de las palabras “hidromurias”, “ambonios”, “espásmulos”, todas ellas inexistentes (se trata de un guiño de complicidad al lector: son formas acuñadas por el narrador argentino Julio Cortázar).

VALORACIÓN

¿Cuál es tu opinión sobre el comportamiento ético de los personajes?

¿Qué piensas sobre la calidad de la prosa?


Comentarios»

1. Roderick - agosto 21, 2013

Why visitors still make use of to read news papers when in this technological world everything is existing on
net?


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